UN PRÍNCIPE GAY PARTE 3


2do esfuerzo

 

Dos cuerpos desnudos escalando penosamente la montaña destacaban en la penumbra del atardecer, el intenso frío hacía mella en su piel desgarrada por zarzas y ramas, los pies sangrantes de caminar sobre las piedras, el rostro de ambos se veía desencajado por la falta de calor y el dolor de las heridas, el paje observaba a su príncipe y las penalidades que estaba pasando para seguir adelante, su alma sufría por el dolor del amado, deseaba dar su vida a cambio de que su adorado príncipe no sufriera, pero sabía muy bien que si no lograban alcanzar la cima y untarse el jugo del cactus rojo su sufrimiento sería mayor, esto lo impulsaba a seguir adelante, a no experimentar el inmenso placer de ver los bellos glúteos de su príncipe y lanzarse a besarlos y acariciarlos con toda la lujaría que en él había, pero su amor era más grande y esto le hacía reprimirse, no debía excitarse de hacerlo moriría y dejaría a su príncipe solo en la aventura. La noche caía y el frío aumentaba, el paje comprendió que de seguir ambos morirían de frío, así que sugirió –Su alteza, deberíamos descansar y prender una fogata de lo contrario no lograremos pasar la noche, el frío aumenta a cada momento-  El príncipe se detuvo y volteo a ver a su paje, en su rostro había un inmenso dolor, -Tienes razón debemos recobrar fuerzas-  el paje reunió con rapidez varas y hojas secas para hacer un cálido fuego donde con todo comedimiento acerco a su príncipe a que recobrará el calor, debía juntar más leña así que sin importarle el frío se internó en el bosque para traer suficientes varas para toda la noche, estaba muy ensimismado en su trabajo tratando de no sentir el frío cuando vio una intensa luz sobre un matorral, la luz venía de una pequeña oruga, el paje se sorprendió de que aquella cosita tan pequeña despidiera luz tan intensa ,se acercó al lugar con cierta timidez, grande fue su sorpresa cuando escucho una voz fuerte y clara que salía precisamente de la oruga,  -¿Qué anda haciendo un joven mancebo desnudo por el bosque de la montaña?- pregunto la oruga, el paje no podía hablar estaba realmente asustado –No te asustes nada puede hacerte una insignificante oruga- comento con su misma voz, el paje no dejaba de mirarla –Deja de verme y contesta- dijo molesta la oruga, el paje tartamudeo, -El enano nos mandó que sólo así podíamos vencer al gran mago- la oruga soltó un estruendo que más parecía un rayo que una voz –Demonios eso no me explica nada- El paje retrocedió asustado , y empezó a contarle toda la historia a la oruga; lo que el enano les había dicho y las penurias que habían pasado para llegar hasta donde estaban,  la oruga comentó –Ambos estarán muy mal heridos, por lo menos tú te ves fatal- El paje confirmó con la cabeza, -Y ¿han viajado desnudos sin excitarse desde donde el enano hasta aquí?. Preguntó la oruga a lo que el paje contestó –Cosa que no ha sido fácil, sobre todo para mí que amo profundamente a mi príncipe,  cada parte de su cuerpo es una tortura verla y no poder tocar,  tener que pensar rápido en algo diferente que no sea mi ardiente deseo por él, no por temerle a la muerte, si fuera necesario moriría por él en este instante, pero no debo dejarle solo- la oruga se conmovió ante tales palabras de amor verdadero –Bien toma de estas ojos y frótalas en todo su cuerpo y haz lo mismo con el tuyo sanaran sus heridas y no sentirán frío- el paje miro agradecido a la oruga, quien desapareció, tomo cuantas hojas pudo sostener en sus manos y corrió al lado del príncipe, este se encontraba sentado ante el fuego con su cabeza metida entre sus piernas y sus brazos abrasando estas. El paje le miro y se conmovió al ver su desgastado cuerpo, se acercó a él y lo tocó levemente, el príncipe se sobresaltó –No temáis amado príncipe soy yo tu fiel paje-  brevemente le explico el poder de las hojas y su encuentro con la oruga, el príncipe estaba tan agotado que no se sorprendió de la historia como si todo fuera algo muy natural, el joven paje con todo amor empezó a sobar las hojas en el cuerpo del príncipe, no obstante las heridas y rasguños la piel del príncipe era suave, parecía que el olor a lavanda y rosas estuviera en cada una de esas células, el paje sintió como aquel olor invadía todos sus sentidos, sus manos acariciaban esa piel deseada, con suavidad,  como si se tratara del más delicado tesoro; el príncipe no dejo de notar la dulzura con que las hojas eran untadas en su piel, a medida que tocaban su cuerpo sentía que el dolor y el frío desaparecía, el paje mientras acariciaba aquel cuerpo sólo pensaba en el inmenso amor que por él sentía, su excitación se disipaba a cambio del amor, sabía que si permitía que su amor llegará a sus partes sexuales su pene crecería y al hacerlo dejaría solo a su príncipe, eso no lo permitiría jamás, el príncipe por su parte sintiendo el amor con que su cuerpo era curado, quiso tocar al paje, pero desistió de inmediato, estaba seguro que de hacerlo su pene se pondría tan duro que moriría en el acto, cuando el paje terminó de curarlo él quiso hacer lo mismo pero lo observo y comprobó que no era tan sólo un simple paje se trataba de un joven muy hermoso de piel tostada por el sol, con los músculos bien desarrollados, su rostro era agraciado, hermosos ojos negros le veían con un amor desmesurado, el príncipe desvió la mirada y dejo que el paje se curara solo, ambos se mantuvieron reposando pero sin lograr dormir, la amenaza del gran mago de que si se excitaban morirían los mantuvo despiertos, de vez en cuando sus miradas se cruzaban, el paje enviaba dulces mensajes de amor en cada mirada, mismos que eran recibidos con beneplácito por parte del hermoso príncipe, cuando sintieron que sus fuerzas eran renovadas se dispusieron a continuar la marcha, esta vez fue el paje quien tomó la delantera a fin de evitar que la piel de su dueño se dañara.

El último tramo por escalar era árido, sólo piedras y algunas zarzas espinosas, ambos evitaban tocarlas para no herirse, el paje sostenía en una de sus manos las hojas milagrosas por si llegaba a necesitarlas, ascendieron con gran penuria, al llegar a la cima antes de buscar el cactus rojo el paje curo a su príncipe con ese cálido y tierno amor que por el sentía, las hojas no fueron suficientes para curarse él mismo,  el príncipe lo noto y sabiendo el frío y lo maltrecho del cuerpo se su paje reclamó, -No deberías de haber usado todas las hojas en mi- El paje le miro agradecido –Eres tú quien debe estar bien, sabiendo que tus fuerzas han vuelto y no sufres yo estaré bien- el príncipe le miro con agradecimiento, en sus azules ojos una chispa de amor y agradecimiento fue percibida por el paje, lo cual le lleno de felicidad, la mano del príncipe fue hasta su cara y la tocó suavemente, el paje se estremeció con la caricia, fuera de sentir excitación notó que su cuerpo dejaba de sentir frío y dolor, ambos se miraron por unos momentos, olvidando su desnudez sólo pensaban en el sentimiento que les invadía, el príncipe fue el primero en reaccionar, -debemos buscar el cactus rojo, nos queda poco tiempo- ambos buscaron con la mirada sólo se veía desolación, no había nada que pudiera parecerse a un cactus y menos rojo, de pronto ante sus miradas de asombro empezaron aparecer grandes árboles y una funesta choza, ambos estaban sorprendido no podía creer lo que sus ojos veían,  quedaron casi petrificados, de pronto un razonamiento rápido vino a la mente del paje, no deberían ser visto por la bruja, tomo al príncipe por un brazo y le obligó a ocultarse, él se dejó manipular, era tan grande su estupor que no opuso resistencia , el paje le hablo al oído –Su alteza recordad que no debemos ser visto por la bruja- la palabras sonaron en su oído como una dulce melodía haciéndole reaccionar, miró a su compañero en su mirada estaba todo su entendimiento –Tienes razón, busquemos el famoso cactus con precaución-  con gran sigilo caminaron entre los árboles, de pronto ante sus ojos precisamente junto a la choza estaba un enorme cactus de un color purpura que deslumbraba, sus miradas se encontraron con un gesto de satisfacción ante la presencia del “Cactus Rojo”,  -Debemos ser cautos su alteza, el cactus está colocado precisamente junto a la choza, corremos el peligro de ser descubiertos, permitid que sea yo quien me acerque y trate de cortar un buen pedazo de ese cactus, en caso de que me descubra la bruja no deberás aparecer por favor hasta que estéis seguro de no ser visto, yo veré la forma de liberarme para untaros el jugo del mismo- el príncipe le escuchó con atención –Ve pues noble paje yo pediré para que no os descubran- el paje se arrastró por la tierra hacía donde estaba la planta,  la tierra las piedras y yerba hacían mella en su desnudo cuerpo, pudo llegar hasta el cactus, le miro descubriendo que para cortar una parte del debería usar sólo sus manos,  las espinas que ostentaba eran grandes, seguro se enterrarían en su piel pero nada importaba a cambio de salvar a su amado, sin pensarlo demasiado se asió con fuerza a una parte de él, las espinas entraron en sus manos causando un dolor intenso, cerró los ojos y sólo pensó en que con eso salvaría a su dueño, jalo con fuerza y un sonido  escalofriante se dejó escuchar cuando el pedazo de aquel cactus fue arrancado,  Tanto el príncipe como el paje sintieron que sus corazones se detenían, aquel espantoso ruido seguro alertaría a la bruja, el paje sin pensarlo demasiado corrió hacia su amado y tomándolo de la mano corrió con él cuesta abajo, sin importar el inmenso dolor que le causaban las espinas no soltaba el pedazo de cactus que había logrado arrancar, ambos cayeron y rodaron golpeando sus cuerpos contra piedras y ramas, el dolor de los golpes les hicieron perder el conocimiento, las espinas del pedazo de cactus se había clavado en tal forma en la mano del paje que no se desprendía de él, cuando despertaron se encontraban precisamente en el paraje donde se habían visto con el enano, ambos se miraron, estaban golpeados y sangrando, la mano del paje que sostenía el cactus sangraba, el príncipe al ver el estado de su paje no pudo evitar que sus ojos derramaran lágrimas, lo cual angustió al paje –No lloréis alteza estamos vivos y me siento bien, ahora ayudadme arrancar esto de mi mano para sacar el jugo y untaros en vuestro cuerpo-  el príncipe con la mirada nublada por el llanto tomo el pedazo de cactus y lo desprendió de la mano del paje,  cuando lo tomo en sus manos las espinas se volvieron suaves y no le lastimaban, con el pedazo de cactus miro a su paje y le mostro como sus manos sostenían al cactus sin que le lastimara, el paje se sorprendió y quiso tomarlo él pero las espinas se volvieron duras y le hirieron,  el príncipe le miro angustiado, el paje debería sacar el jugo y untarlo en él, y si las espinas le lastimaban iba a ser un suplicio para el muchacho,  pero el paje sin pensarlo demasiado tomo el cactus y empezó a sacarle el jugo haciendo caso omiso del dolor que le producía, miro al príncipe con todo el amor de su corazón y empezó a untar el jugo en su pelo, lo hacía con suavidad sin dejar de mirarle a los ojos, aquellos intensos ojos azules que tanto amaba, el príncipe se reflejaba en la profundidad de aquellos ojos negros que tanto amor le prodigaban, puso el jugo en su cara, el príncipe cerro los ojos , el paje con gran suavidad paso aquel líquido prometedor por la perfección de la nariz, por las mejillas, los labios, el cuello, fue hacia los brazos y apreció la fuerza de ellos, ambos estaban extasiados pero sus pensamientos sólo se concentraban en el gran amor con que lo estaban haciendo , cuando el paje llego a los genitales de su amado los tomo con ternura y les untó aquel jugo, el sentir entre sus manos aquel pene le hacía que su corazón latiera fuertemente, más no debía extasiarse demasiado en él, no podía permitirse la excitación, que de seguir con aquel tesoro entre sus manos no podría evitar besarlo con pasión, termino de untar todo el cuerpo de su amado y en sus manos el cactus se desvaneció y sus ropas aparecieron al lado del pozo, ambos recuperaron la tersura de su piel desapareciendo toda herida  de sus cuerpos, se vistieron apresuradamente y tomaron camino rumbo al castillo.

Mañana el desenlace de esta historia, espero y les esté agradando

Etiquetado:

excelente

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