UNA VERDADERA HISTORIA DE AMOR


2do esfuerzo

 

Era una tarde de invierno y el sol empezaba a ocultarse, los árboles de Central Park tomaban formas fantasmagóricas, los transeúntes, algunos apresurados y otros disfrutando de un paseo vespertino, adornaban los caminos del lugar, perros con sus dueños, algunos como si estuvieran en exhibición, otros más modestos buscando un buen árbol para hacer sus necesidades. Una gallarda figura caminaba con paso seguro, elegantemente vestido con un abrigo de casimir, bufanda de seda y guantes de piel, el hombre caminaba sin ver siquiera a los que junto a él pasaban, a simple vista podría confundirse con un hombre joven, por su paso firme, su esbeltez, su espalda totalmente derecha, no parecía por ningún momento se tratara de un hombre de 67 años, Su caminata se detuvo precisamente ante la fuente del ángel, ahí donde tantas veces había ido acompañado de aquel chico al cual llego a considerar el amor de su vida, por un momento se quedó contemplando la fuente tal y como lo hacía cada vez que se encontraba frente a ella, con cierta calma miro a su al derredor , como si buscara algo sin demasiado énfasis, luego camino y tomó asiento precisamente frente a la que desde hacía mucho tiempo consideraba su fuente.

Era 1970 Alexander enfundado en ropa deportiva corría por Central Park, su esbelto cuerpo lucía bastante espectacular en aquellos shorts pequeños y una playera de tirantes,  en su frente un pañuelo amarrado para evitar que el sudor callera sobre su cara, sus piernas daban grandes zancadas, siguiendo una rutina perfecta, rebasó a un muchacho rubio menos alto que él, algo le hizo voltear a verle, descubriendo un rostro angelical que le sonreía, la sonrisa de aquel muchacho le hizo perder el ritmo de su carrera, se detuvo y espero a que pasara, pero para su sorpresa el chico terminó su carrera precisamente frente a él –Hola, ¿Cansado?-  Alexander lo miró realmente fascinado –Un poco, no demasiado- El muchacho extendió su mano y con disimulo barrió a Alexander quedando muy complacido con lo que se le presentaba, -Soy Bleir, ¿Y tú?- Tomo la mano del muchacho y vio que era delicada pero firme, sin dejarla y mirándole directamente a los ojos contestó –Alexander-  Ambos mantuvieron la mirada por unos segundos luego se soltaron la mano y rieron, -Me gustaría poder conocerte más, ¿Será posible?- Alexander preguntó –Podemos ir a desayunar si quieres?- Bleir vio su reloj -¿Qué tal si mejor nos vemos a las 6 de la tarde en la fuente del ángel y pasamos la tarde juntos?- Aquellas palabras fueron un estímulo directo a la entrepierna de Alexander, -Claro a las 6 estaré ahí, espero seas puntual- Bleir le miro con cierto descaro –Siempre lo soy sobre todo cuando se trata de alguien como tú- Alexander se sintió halagado, Bleir con la mano le dijo adiós y confirmó –A las 6. Le miró hasta que desapareció de su vista, ya no siguió corriendo en realidad el encuentro le había dejado sin ganas de seguir haciendo ejercicio, todo el día se la pasó pensando en la hora de su cita.

Eran las 6 de la tarde en punto y ambos jóvenes aparecieron en la rotonda de la fuente del ángel, Alexander vestido con un pantalón a la cadera en color beige, ajustado en la parte superior dejando ver su ostentoso bulto genital, la parte baja con una gran campana de acuerdo a la moda actual, botas con algo de plataforma en color café, lo cual le hacían aparecer mucho más alto y esbelto, una camisa de lino en color café claro de manga larga remangada, desabotonada dejando que su tórax luciera un pañuelo de seda amarrado al cuello, su pelo largo lucía pulcramente peinado, Bleir por su cuenta llevaba un pantalón ajustado ligeramente acampanado pero que le hacía lucir su hermoso trasero, camisa de manga corta, también desabotonada mostrando un pecho bronceado y lampiño, los rizos rubios de su cabeza caían graciosamente sobre su frente, ambos se vieron y parecieron quedar muy complacidos por lo que sus ojos estaban apreciando, se acercaron y primero parecieron dudar de la forma en que debían saludarse, decidieron que un abrazo sería mucho más agradable, para ambos jóvenes el sentir el calor del cuerpo del otro fue más que motivante para sentir un gran estímulo en sus genitales y sentirlos crecer, parecían no querer separarse, Bleir pudo apreciar el pene de Alexander creciendo junto al suyo le abrazo fuertemente como para hacerle ver que le encantaba el hecho de que se estuviera excitando, se separaron y automáticamente sus miradas fueron hacía la entrepierna del otro, cuando vieron que los dos tenían la misma curiosidad no pudieron más que reír, se tomaron de la mano y Alexander  invitó –Vamos a mi departamento ¿Te parece vivo solo?- Bleir hizo una afirmación con su cabeza y los dos caminaron juntos hacía la 110.

El departamento de Alexander no era una gran cosa, ubicado en el 6to piso de un deteriorado edificio, en donde la estancia era la cocina y la habitación, sólo una ventana servía de ventilación al lugar, la cual daba a una pared de concreto, a Bleir no pareció importarle la apariencia del lugar, se abrazó a su compañero de aventura y ambos comenzaron a desnudarse, existía una gran excitación parecía que los corazones se saldrían del pecho, sus bocas se buscaron con desesperación, sus manos ávidas tocaban cada parte del cuerpo del otro, descubriéndole y disfrutándolo lo más que podían, fue Bleir quien primero se separó de aquel abrazo para empujar a su compañero sobre la cama y chupar aquel pene grande y apetitoso que ya había descubierto con su tacto, mientras lo chupaba Alexander no dejaba de gemir de placer y tomar la nuca de Bleir para que toda su gran verga le entrara hasta la garganta, varias veces pareció ahogarse, pero esto nunca fue motivo para que dejará de chupar aquel pene promisorio, le estuvo chupando por un buen rato, cada vez que sentía que Alexander podría tener un orgasmo dejaba de hacerlo, haciendo que el placer fuese más grande y largo, después de un buen rato de darse gusto chupando aquella hermosa verga dejó de hacerlo y se colocó en la orilla de la cama apoyándose en sus manos para que su culo quedara listo para ser penetrado, Alexander se puso tras de él,  se hincó para lamerle el culo y lubricarlo, su saliva escurría de aquel culo rosado y ansioso de recibirlo, por fin lo dejó listo aquel hoyo para ser ocupado, comenzó a entrar en él con su verga totalmente tiesa, Bleir sentía como se desplazaba dentro de él haciéndole sentir el mayor placer que verga alguna le hubiera causado, el culo de Blair fue limado por largo tiempo por Alexander hasta que su cuerpo se convulsionó, la verga se inflamo y lanzo una gran cantidad de semen dentro del chico quien la recibió dando gemidos y gritos de si, si, que delicia, la verga de Bleir lanzo también su semen, con deliciosos movimientos de su culo que hicieron que Alexander sacara todo lo que podía haber dejado dentro de su verga, sin dejar de penetrarlo cayeron ambos de bruces sobre la cama, Bleir fue sintiendo como la verga de Alexander fue perdiendo tamaño dentro de él hasta que quedó fuera.

Después del primer encuentro hubo muchos más, hasta que ambos decidieron vivir juntos, cada uno por su parte fue logrando una mejor posición económica el departamento sencillo se convirtió en un PH, con vista a Central Park, el ángel fue siempre su lugar de reunión, fue un romance oculto ya que no lo decían en sus respectivos trabajos, fue al empezar el nuevo siglo cuando decidieron dejar de aparentar ser simplemente compañeros de cuarto para convertirse en una pareja , ellos nunca usaron condón su relación estaba basada en fidelidad, tenían amigos gays algunos de ellos murieron de sida, fueron observadores, nunca les preocupó  sabían que a ellos no les llegaría. Fue en el 2006 cuando Bleir regresaba de su trabajo y fue asaltado por un grupo de latinos, lo golpearon salvajemente, dejándole tirado en la calle, Alexander recibió la llamada del hospital y fue de inmediato a su lado, al verlo en aquel estado deplorable sintió que su corazón dejaba de latir, durante tres días estuvo a su lado hasta que Bleir dejo de estar en cuerpo físico en este mundo, Alexander sufrió mucho la pérdida de su pareja , era un hombre mayor no le interesaba nada que no fuera estar junto aquel que había sido el compañero de su vida, más entendió que lo que habían vivido había sido único, pocos gays podían haber tenido una pareja como la que él había tenido, todas las tarde acudía a su ángel, ese ángel que había sido testigo de su gran amor, la vida continuaba, para él los recuerdos junto a su Bleir era suficientes para esperar a que la vida se le fuera y dejara de sentir esa gran añoranza, reconociendo que el poder más grande de esta vida es precisamente el del amor.

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