CARTA A MI HERMANO GAY


Hermano

 

Mi querido hermano:

El escribir esta carta no creas que ha sido algo sencillo para mí, siempre fuiste el que podía expresar mejor sus sentimientos, no te costaba ningún trabajo decir un te quiero a nuestra madre o darle tu mejor sonrisa a papá cuando te miraba enojado por algo que habías hecho y no era de su satisfacción, en cambio yo veía a mi madre y te juro que deseaba decir ese te quiero que tan fácil salía de tu boca o esa sonrisa angelical que te caracterizaba de pequeño hacía mi padre, no me salía simplemente no era lo mío,  ahora me pregunto si ese encanto era precisamente por tu naturaleza gay, no puedo decirte que lo note desde que éramos pequeños, para nada, simplemente te veía diferente a mí pero no entendía el por qué, envidiaba ese mundo de ensueño en el que te envolvías cuando jugabas solo, mientras que yo requería de mis amigos para no aburrirme, siempre estabas ahí viéndome esperando probablemente a que te hiciera participe de mis juegos, la verdad no lo hacía pues no me sentía nada identificado contigo, no tenía idea pero no había lo que ahora llamamos química, prefería simplemente verte e ignorarte, claro algunas veces disfrutaba haciéndote repelar, era como parte de ser hermanos, me sentía el mayor el fuerte, lo que siempre me llamó la atención fue que hiciera lo que hiciera tu siempre estabas ahí, como esperando ser aceptado por mi, cosa que creo jamás hice, más te quería, claro que si eso pude constatarlo cuando de pronto ya no estuviste en casa, tu ausencia dejaba un espacio muy grande, que no se podía llenar, las primeras semanas esperé a que regresaras, no me podía imaginar a alguien de tu edad fuera de casa y valiéndose por sí mismo, yo con casi 5 años mayor que tú nunca me hubiera atrevido, poco a poco nos fuimos acostumbrando a que tú no estabas, nuestra madre nos informaba de tus reportes y nos decía que estabas bien, yo le escuchaba como si hablara en otro idioma, la verdad te tenía envidia, si lo reconozco, estabas saliendo adelante por ti solo, seguro nadie te daría órdenes y harías lo que te viniera en gana, nunca se me ocurrió pensar que pudieras estar sufriendo, en mi egoísmo sólo sentía envidia de que fueras totalmente libre.

Se nos explicó el motivo por el cual te habías dado de baja en la familia, como si se tratara de un colegio o campo militar, muchas veces en mi cabeza retumbaba ese terrible hecho, “Tenía un hermano gay” las imágenes tuyas con hombres me venían a la mente y sentía un gran malestar en el estómago, poco a poco me acostumbre a esa idea pero sobre todo a la que estuvieras lejos, a fin de cuentas estando tu lejos tu vida no nos afectaría en lo más mínimo, ya se mucho egoísmo, nuestra hermana te extrañaba mucho siempre habló de ti y deseaba vehementemente que volvieras, la tristeza de un lugar vació en la mesa jamás dejo de afectar a nuestros padres, su envejecimiento fue algo más rápido que el de otros padres de su edad, lo veía y te culpaba, una vez mi hermana me enfrentó, -Eres un egoísta, en lugar de aceptar que tenemos un hermano gay prefieres ignorar la situación, lo culpas de la tristeza de este hogar, más no lo admiras por tener la fortaleza de luchar por ser lo que es y no dejarse llevar por convicciones sociales o comodidades y renegar de lo que realmente es- la mire y sentí ganas de golpearla, ¿Cómo se atrevía hablarme así?, yo no era el gay, ni quien se había largado a vivir una vida libre sin ataduras, el libertino precisamente era el hermano menor, yo era un buen hijo, sacaba excelentes calificaciones y cualquier padre se sentiría orgulloso de mi, en cambio de ti querido hermano, eras la vergüenza de la familia, esto era precisamente lo que yo pensaba, desde luego estaba seguro de que mi pensamiento era el correcto, una vez la que ahora es mi esposa me dijo –La sociedad discrimina a los gays, pero deberían estarle agradecida, pues aquellos que son honestos como tu hermano no lastiman los sentimientos de una mujer, no se burlan de ellos, como ustedes lo suelen hacer para sentirse muy hombres- La miré y me sentí avergonzado, recurrieron a mi mente todas aquellas novias que sólo lo habían sido para demostrar que era capaz de conquistar cualquier mujer, esa vez sacudí mi cabeza y preferí pensar que mi novia estaba loca.

Regresaste hermano y el tiempo de tu ausencia quedó atrás, ¿Qué te puedo decir? No soy expresivo, pero nos hiciste comprender que ese lugar que habías dejado vacío, en realidad nunca lo estuvo, tu estuviste ahí, estabas peleando tu propia guerra y ganaste, si ganaste eres un campeón, lo reconozco, ahora te invito a que juntos ganemos nuevas batallas ¿Quieres?

Tu hermano mayor

 

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excelente

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