UN TRISTE RECUERDO DE VALLARTA


niño PV

 

No cabe duda que los seres humanos cuando más felices estamos buscamos algo para sentirnos tristes o culpables, como que la felicidad plena no se nos da por completo, ¿Será que es parte de nuestra naturaleza? Creo que a mí me pasó algo similar,  ayer platicando con mi esposo le comenté de un triste recuerdo que tenía de cuando vivía yo precisamente en Vallarta, fue cuando rente un departamento por llamarlo así, ya que era un simple cuarto con baño y una cocineta, precisamente el primer día que llegue con mis escasos muebles, se me presentó un niño como de 9 años, aunque aseguraba tener doce, moreno clásico chico de Vallarta, sus grandes ojos negros se clavaron en mí y me pido que si me podía ayudar, lo mire por un instante, el chico empezó hablar como tarabilla, -le aseguro que soy muy bueno para limpiar y soy honrado vivo aquí enfrente con mis papás y 4 hermanos, usted no tenga desconfianza vera que soy muy bueno, estoy chaparro pero ya tengo 12 años, me llamo Martín, ¿Entonces sí?- no pude evitar una sonrisa y acaricié su sucia cabellera –Está bien pero te me vas a bañar diario antes de lavar el baño te vas a bañar tu ¿OK?- El chico abrió muy grande sus ojotes –Oiga para limpiar no necesito estar limpio yo ¿O sí?- ese muchacho definitivamente les huía a la limpieza persona, Martín se quedó algo pensativo –Bueno pero si lo que me ofrece es un trabajo de planta, yo me baño como chingaos no- no pude evitar la sonrisa –Bien pues pide permiso a tus padres vamos a comprarte dos mudas de ropa –Martín se me quedo mirando otra vez como azorado -¿Ropa para mí y nueva?-  Su pregunta no dejó de conmoverme debo aclarar que entonces yo contaba con 19 años, -sí anda pide permiso- el chico se rasco la cabeza –Pues ¿A quién? no haya nadie en casa ya llegan todos tarde y mis hermanos están en la escuela- lo mire y le hice la pregunta obligada -¿Tu no vas?- Martín se puso muy derecho y orgulloso –ya terminé la primaria estoy listo para trabajar- volví a reír, bueno si yo con pura secundaria y ni terminada ya me estaba dando el lujo de contratar un ayudante, seguro él también lo haría, cerre el cuarto y lo lleve a comprarse ropa, terminé gastando más de lo que correspondía a dos mudas y me pidió que si las podía guardar en mi departamento, pues en su casa sus hermanos la usarían, no le vi inconveniente alguno y así empezó entre nosotros una excelente relación, Martín se la pasaba en mi casa y la verdad me tenía todo muy bien arreglado hasta lavaba mi ropa, era increíble su diligencia, debo reconocer que le tome mucho cariño. Nunca lleve a nadie al lugar ese niño me inspiraba mucho respeto, así que o era en algún hotel o en un baño, pero eso no importa, está historia es de Martín.

Como casi se puede decir que vivíamos juntos sólo iba a dormir a su casa me confío varias cosas, como el hecho de que debía llevar dinero diario a su casa, de ahí que le pagaba por día, también que sus hermanos eran menores, que el qu ele seguí hacía abajo terminaría la primaria ese año y tendría que trabajar, sus padres trabajaban el papá en un bar de mozo y la madre de afanadora en la escuela donde estaban sus hijos, lo que provocaba burlas de algunos compañeros hacía ellos, nada raro en este país en donde los encargados de limpieza fuera de merecer nuestra admiración o los humillamos o simplemente los ignoramos, su departamento era igual al mío así que dormían todos en bola, eso la verdad a de ser incómodo, yo les compré dos literas de esas de madera barnizada, pero la señora me lo agradecía cada vez que me veía, el padre era medio osco, varias veces me hizo amenazas ocultas de que no fuera abusar de su hijo, bueno ni tan ocultas, tenía razón mi trabajo no era secreto, al menos el señor se preocupaba, pero después me gané su confianza.

En nuestras pláticas yo trate de inculcarle aquellas cosas que mis padres me decían, pero la verdad Martín me veía muy atento, como preguntando ¿Si pero dígame como salgo de la pobreza? Eso de los valores y la buena educación está bien para la gente que no tiene que corretear la chuleta diario, que sabe que hay techo y comida seguros; como pasa en todas las familias de bajos recursos o en la mayoría, el padre para descargar su frustración bebía bastante, lo bueno es que no era agresivo, pero se gastaba todo el dinero en sus francachelas y la madre y Martín tenía que solventar los gastos, debo reconocer que Martín cambio mucho, al principio tenía mucha curiosidad por mi trabajo, pero se le quitó con mi primera respuesta, -Mira niño no soy como una prostituta, tú sabes bien que es eso, aunque muchos crean que es similar, sólo hago un espectáculo y me dan propinas, jamás hago sexo por dinero, espero eso también lo entiendas- Martín por primera vez me abrazo y me plantó un beso en la mejilla, eso hizo que nuestra relación se hiciera casi de padre e hijo, siempre hubo mucho respeto tanto para él como para su familia, yo ya era muy guarro, pero le corregía cada vez que usaba malas palabras e increíble yo no las decía.

En fin llego el día que yo decidí regresar a la capital y se lo hice saber el niño ya contaba con 13 años,  la verdad no había crecido mucho, algo muy bueno pues no tenía que gastar demasiado en ropa y zapatos, es un decir no me caracterizo por ser miserable, bien en nuestra despedida le deje mis escasos muebles que sólo era un recámara y una mesa con dos sillas, pues el lugar tenía un refrigerador pequeño y una estufa, le di un dinero para que sobreviviera mientras conseguía otro trabajo, Martín lloraba y me hacía sentir que las lágrimas me iban a traicionar, pero yo con 20 años que iba hacer con un niño en la capital, le pedí con toda mi vehemencia que jamás fuera a caer en tener sexo por dinero, que eso lo rebajaría ante sus propios ojos y lo hundiría en un pozo sin salida, el niño parecía entender, la verdad estoy seguro que no era gay, era un niño luchando por vivir, Dios que pendejo me veo ahora, esa criatura necesitaba fórmulas reales para vivir en su mundo de carencias, yo sólo le hable de valores y auto estima, sin comprender que al irme volvería a buscar trabajo y seguramente le costaría mucho trabajo encontrarlo, ni siquiera se me ocurrió fomentarle el hábito de la lectura, sólo le regale un libro, el Principito, nunca le pregunté si lo había leído, de verdad a esa edad es uno muy vale madres.

Ahora a mis 32 años con una felicidad extrema, se me ocurre irle a buscarlo, claro que nadie sabía nada de él ni de la familia, han pasado muchos años, no lo volví a contactar, llegue a la capital y sólo me encargue de mis asuntos, nunca he sido de esos que son muy buenos para mantener amistades, en sí nunca lo he requerido, trato de dejar una huella en mi camino, pero si las amistades por circunstancias especiales se alejan, ni las extraño y mucho menos las busco, en fin hoy precisamente hoy se me ocurre revivir está historia, pero creo que fue bueno, pues seguro mis queridos lectores tomarán algo de ella, nunca hay que dejar un trabajo a medias, eso fue lo que hice con Martín le hice conocer una vida mejor que la que tenía y luego simplemente me alejé y no me volví a ocupar de él, no quiero que se pongan a ayudar a menesterosos, pero sí que piensen en positivo a favor de ellos, todos merecemos un mundo mejor, no podemos quedarnos simplemente viendo lo que pasa a nuestro al derredor sin hacer algo para que eso sea mejor, aunque sea motivando a la gente para provocar un cambio positivo.

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excelente

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