INTOLERANCIA SOCIAL


T80

 

La casa palaciega estaba enclavada en una de las principales avenidas de la ciudad, era un verdadero atractivo para todos aquellos que pasaban por frente de ella, sus jardines bellamente cuidados rodeaban la majestuosa construcción, un verdadero castillo dentro de una ciudad moderna, tal vez era precisamente esta característica lo que le hacía tan peculiar, sus habitantes se sentían altamente orgullosos de haber conservado la propiedad dentro de su linaje, actualmente sólo vivían ahí una pareja con su hijo el último sucesor de la dinastía Douglas, sus padres se sentían orgullosos de él; ya que se había graduado exitosamente en relaciones internacionales, además de tener una gran facilidad para los idiomas, en la actualidad estudiaba la maestría en finanzas para complementar su exitosa carrera, Omar era un joven de 25 años, alto, rubio con facciones duras pero eso lo hacía mucho más atractivo, desde su niñez había gustado de la buena ropa y las combinaciones exactas para cada ocasión, un motivo más para que sus padres se sintieran sumamente satisfechos por su vástago,  durante sus tiempos de estudiante Omar sólo se dedicó al estudio y a salir con sus amigos, la distracción de novias se la vetó el mismo para que no descuidara  sus estudios, al menos eso les hizo creer a sus padres, los cuales estaban sumamente satisfechos por tan sabia decisión, con sus 25 años Omar sufría lo indecible ya que aunque todo tenía le hacía falta tener el valor de confesarle a sus padres sus preferencias sexuales, desde los 10 años supo que era gay, eso le hizo esforzarse más en sus estudios y en sus logros para que sus padres se sintieran orgullosos de él, tenía la esperanza de que si eso sucedía al decirles que era gay no sería tan difícil, pero nada más lejos de la verdad, entre más sentía la admiración de sus progenitores menos se animaba a decirles la verdad, sobre todo porque al hacerlo se darían cuanta que su dinastía estaba acabada, tampoco estaba dispuesto a sacrificarse teniendo hijos para conservar el apellido, sus padres definitivamente deberían de haber tenido más hijos, si él había sido único no era su problema, claro el pensarlo era muy sencillo, pero el enfrentarlo ya no era lo mismo, diariamente Omar buscaba valor para hablar con sus padres, pero la verdad le era casi imposible el hacerlo.

Darío conoció a Omar en una conferencia que se dio en la embajada de Estados Unidos sobre comercio internacional, en cuanto le vio un pudo retirar la mirada de aquel chico sumamente pulcro y de excelente gusto para vestir, Darío no era de los que fácilmente se impresionan ante la belleza masculina, pero Omar no sólo lo impresionaba le excitaba el sólo verle, el cosquilleo y crecimiento de su pene le demostraba que estaba ante una presencia masculina totalmente diferente a cualquiera otra que hubiera conocido, la insistente mirada de Darío hizo que Omar reparara en él, lo miro y no pudo evitar saludarle y regalarle con la mejor de sus sonrisas, esto cautivo aún más al muchacho,  Omar volvió a mirarle como para confirmar su belleza, si definitivo se trataba de un chico hermoso en todo sentido, su piel canela y sus hermosos ojos negros adornados de abundantes pestañas largas y chinas le hacía un chico muy pero muy guapo, además sus rizos cayendo con descuido adorable sobre sus frente, quedo encantado con lo que estaba viendo, necesitaba platicar con ese chico a como diera lugar, lo que él no sabía es que ambos tenían la misma intención, a la salida de la conferencia Darío se acercó y le saludo presentándose, Omar estrecho la mano y una corriente eléctrica recorrió todo su cuerpo, con beneplácito noto que era mutuo el atractivo, -¿Tienes algo que hacer ahora?- Preguntó Omar –No nada, sólo estar contigo- al decir esto los colores subieron a su rostro, Omar le pasó el brazo por los hombros y le encamino al estacionamiento -¿Traes carro?- Omar contestó afirmativamente –Bueno lo dejaras aquí mañana regresamos por él ¿Te parece?- Darío sintió que las piernas le temblaban eso quería decir que pasarían la noche juntos –Claro- contesto sin poder disimular su entusiasmo, Omar lo llevo a su casa dejándole muy impresionado, lo presentó a sus padres como un compañero de la embajada con el que trabajaría seguramente toda la noche, su madre se acomidió a subirles bocadillos y algunas bebidas para hacer más agradable la noche de trabajo, la habitación de Omar estaba en una ala de la casa totalmente independiente del resto de la casa, en cuanto se supieron solos y sin preocupación por interrupciones se empezaron a despojar de sus ropas quedando totalmente desnudos uno frente al otro para terminar abrazándose y tocando cada centímetro de sus cuerpos, sus bocas se juntaron con desesperación para Omar era la primera vez que podía disfrutar de alguien con tanta libertad, Darío tenía cierta experiencia pero la verdad era la primera vez que estaba con alguien que le gustara tanto, los dos se dieron gusto con sus bocas en sus genitales y la de Omar lamiendo el ano de Darío el cual gemía en un éxtasis sin fin, cuando lo penetró Omar sintió que tocaba el mismo cielo lo mismo le paso a aquel, sólo estaban concentrados en su pasión y su deseo, cambiaron de posiciones buscando la que más satisfacción les brindara hasta llegar al momento del orgasmo el cual sucedió al unísono con gemidos ahogados, después de eso se besaron apasionadamente y se quedaron profundamente dormidos y abrazados.

La madre de Omar se había quedado preocupada por el trabajo de su hijo así que creyó  conveniente ir a la habitación de su hijo a ver si no se le ofrecía nada, al llegar le extraño ver las luces apagadas, así que abrió con sigilo la puerta y su sorpresa fue mayúscula al ver a su hijo en brazos de un hombre, las piernas le temblaron quiso gritar y se llevó la mano a la boca para evitarlo, dio marcha atrás y salió de la habitación su rostro estaba bañado en lágrimas, sentía que todo el mundo se le venía encima, caminó lentamente hacia sus aposentos, en su mente sólo estaba la figura de su hijo abrazado aquel extraño, lo único importante para ella era que su marido no se enterara, sería capaz de matar a su hijo, estaba segura de ello, por lo que regresó a la cama junto a su esposo y permaneció toda la noche sin poder conciliar el sueño.

Por la mañana los dos chicos salieron temprano rumbo al estacionamiento adjunto a la embajada, ambos iban todavía con la ensoñación de la noche anterior, se despidieron quedando de verse más tarde, Omar andaba con una alegría muy inusual en él, pero no podía evitarlo, hasta que en su celular entro la llamada de su madre; -Omar me urge hablar contigo de algo muy serio, ve lo que haces pero te espero en casa en una hora a más tardar- Se quiso disculpar pero no hubo manera de hacerlo su madre colgó el teléfono  quiso volverle a marcar pero algo dentro de él le dijo que era mejor que fuera, lo cual hizo de inmediato pidiendo a la secretaria que cualquier urgencia le llamara al celular.

Su madre le estaba esperando en el Jardín sentada bajo una de las sombrillas y con una jarra de jugo de naranja, Omar se acercó a besarle pero la mujer esquivo la caricia, esto le extraño sobre manera e hizo que su corazón se acelerara –Siéntate tenemos que hablar- como un autómata obedeció y miro a su madre a los ojos, estos eran duros, no había un dejo de amor en ellos solo una rabia intensa,  -Anoche fui a tu cuarto y lo que vi fue algo realmente amoral, intolerable dentro de esta casa- Omar sintió que toda la sangre se le iba del cuerpo no sabía que decir, -¿Cómo te atreviste a traer a ese chico a la casa y dormir con él?, además de no sé qué cuantas porquerías habrán hecho-  Como si le hubieran inyectado fuego la sangre regreso a su cuerpo, ya no sentía pavor estaba indignado –Madre ¿por qué me espías?, el que busca encuentra, si traje a Darío a la casa es simplemente porque me gusta y se me hizo el mejor lugar para hacerlo, no hacíamos ninguna porquería, sabes madre tengo años de tener este secreto dentro de mí, lo he llevado con mucho dolor, pero ya que tu tuviste a bien descubrirlo te lo diré sinceramente desde los 10 años sé que soy gay, por no decepcionarlos lo he ocultado pero ya no puedo más, me da gusto que lo sepas no hay nada que hacer, espero y lo entiendas- la madre lo escuchaba como si el que estuviera frente a ella no fuera su Omar su hijo admirado –Vete Omar vete lejos no queremos saber nada de ti, si tu decisión es ser un marica hazlo, pero lejos de nosotros, no le diré nada a tu padre sólo que te fuiste y ya-  La miro como si le estuviera hablando en otro idioma, -Así nada más madre, o sea de un día para el otro me convierto en el hijo incómodo, sólo por mis preferencias- la madre se levantó y le cruzo la cara con la mano –No seas cínico no quiero volver a verte jamás, para mi has muerto, si no quieres que tu padre lo sepa vete pero ya- Omar le miro indignado subió a su habitación y empaco sus cosas, las cuales subió a su auto, miro su casa por última vez y cuando arranco el automóvil sintió un gran alivio al fin sería libre.

La situaciones sociales muchas veces obligan a los padres actuar en forma intransigente, pero lo importante es la libertad de ser lo que uno quiere ser, sin importar nada más, el tiempo siempre cura las heridas y hace que las cosas se vean diferentes, pero hay que recordar que lo único que no se recupera jamás es el tiempo perdido.

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Un pensamiento en “INTOLERANCIA SOCIAL

  1. marx_650 diciembre 14, 2012 en 2:52 am Reply

    Realmente es la historia de muchos que vivimos por los demás y no pensamos en nuestra felicidad, ya basta de estar viviendo pensando en el que dirán y dejando que la verdadera felicidad se nos vaya de las manos…….

excelente

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