DISCRIMINACIÓN ENTRE GAYS


 

 

 

 

 

 

 

El bar Las alondras cerraba su puertas y por la de servicio salían todos los empleados, entre risas y bromas iban colocándose sus chamarras y abrigos ya que era una madrugada de diciembre, las calles se veían casi desiertas, uno que otro automóvil pasaba  por la avenida, -Vamos a Vips- dijo uno de los muchachos a sus compañeros, -Ni madres- contestó otro –Yo me voy a descansar, estuvo muy pesado el día- Un rubio le increpo –No jodas es buena hora de ligue- el aludido haciendo una señal con la mano contestó –Estas pendeja, pinche puto caliente, yo me voy a dormir- los demás compañeros jalaron al chico rubio –Déjalo ya sabes que siempre se aprieta- el rubio se agarró el pene a través del pantalón y enseñándolo dijo –Que me aprieta esta el cabrón- se abrazaron y se fueron caminando hacia su lugar de ligue, ya desierta la calle y con el leve murmullo de los chicos que entre bromas se dirigían al Vips, salió del lugar una pequeña figura de 1.65 de estatura delgado y bastante moreno, con una cara muy redonda y nariz chata y ancha, iba acompañado del dueño del lugar, -Ok Leo que descanses- el chico se envolvió la bufanda al cuello y caminó rumbo a la parada de autobuses. Leo era el menor de 4 hermanos de una familia humilde que con trabajo y sacrificios iban sorteando a la vida para salir adelante, su hermano mayor era mecánico en un taller cerca de su casa, sus dos hermanas ya se habían casado y la mayor tenía ya un niño, el hermano seguía viviendo en su casa y no obstante de ser el mayor no tenía ninguna prisa de casarse y perder su libertad, Leo por su parte, a los 14 años les había confesado a sus padres que gustaba de los chicos, algo que no sorprendió a nadie, pues desde chico habían notado que Leo no sería precisamente hombre de familia, por lo que todos prometieron apoyarle, ya que de antemano sabían lo duro que sería la vida para él debido a sus preferencias, los padres hablaron con los hermanos y les advirtieron que no querían ni burlas ni insultos para Leo, que ellos más que nada deberían apoyarle y darle mucho amor, por ese lado Leo se sentía un chico con suerte, en el barrio nadie le molestaba y todos respetaban su preferencia, su único problema era el saberse feo y sin gracia para poder conquistar a un hombre atractivo, en sus tiempos de escuela sus compañeros se encargaron de hacerle ver lo feo que era, siempre obtuvo el rechazo de niños y niñas que se sentían hermosos o simplemente menos feos, por lo que Leo era un chico solitario que sólo encontraba refugio en el seno de su hogar.

A causa de su falta de convivencia con otros chicos Leo pensaba que él era el único gay sobre el planeta y para acabarla de fastidiar era feo. Cuándo entró a la secundaría descubrió que estaba totalmente equivocado, había más gays en el mundo, pero eran crueles y discriminatorios, había un grupo que se hacía llamar las divas, que se paseaban por la escuela como si fueran los dueños del plantel, contestaban a las burlas de sus compañeros con desdenes y poses de grandes personalidades, había que reconocer que tenían una gran seguridad en ellos mismos o al menos eso pretendían; Leo les admiraba y se soñaba perteneciendo a su grupo, más siempre que buscaba un acercamiento recibía un profundo rechazo, -Vete de aquí pinche prieto, nos vas a pegar lo feo- esas frases lastimaban terriblemente la sensibilidad de Leo, era increíble que fueran las divas las que siempre que pasaban junto a él le soltaran un zape o un empujón acompañado de risas burlonas, este trato empezó a convertir al chico en un muchacho taciturno, que buscaba siempre la soledad y a veces la compañía de algunas de sus compañeras que les gustaba platicar con él, buscando siempre no ser vistas por los demás a fin de no recibir sus burlas, Leo sentía el gran rechazo de todos, se desenvolvía como una sombra dentro de la escuela, jamás comentó nada en su casa pues lo que menos deseaba era mortificarlos. Pero en su soledad soñaba con el sexo y el amor, veía en las revistas los hermosos modelos y se imaginaba que algún día podría estar con uno de ellos, a fin de conseguir algún atractivo físico ingreso al GM de su barrio, así logró que su pequeño cuerpo adquiriera una excelente forma, de todos modos seguía siendo el feo de su escuela. Algo que pudo descubrir es que había chicos heterosexuales tal vez más feos que él pero que tenían muchos menos problemas, contaban con  amigos y hasta novia, lo cual le daba un indicativo, para ser gay había que ser bello.

La únicas experiencias sexuales de Leo habían sido furtivas chupadas de pene a sus compañeros heterosexuales, que en su despertar sexual encontraban excitante que alguien chupara su miembro y les hiciera correrse, no importaba que fuera el feo de la escuela.

La escuela organizo un campamento de fin de semana y era obligatorio para todos los alumnos del tercer grado asistir, Leo quiso inventar una enfermedad pero sus padres le animaron diciéndole que seguramente sería una buena convivencia, el campamento era de hombres y mujeres y desde luego las divas, quienes hicieron su grupo aparte y por supuesto Leo quedo totalmente excluido de cualquier grupo, en la noche después de convivir alrededor de la fogata todos se fueron a dormir a sus respectivas casas de campaña, a Leo le había tocado compartir con las divas, en cuanto entro a dormir vio que ya todos estaban acomodados y no habían dejado lugar para él, -Tu pinche feo-dijo uno, tendrás que dormir afuera, ya no hay lugar para ti- todos festejaron la ocurrencia del encantador diva, Leo con sus ojos inyectados tomo sus cobijas y salió acomodarse junto a la fogata casi extinta, la alimento con algunos leños a fin de no pasar frio y no tardo mucho en quedarse dormido. Por la mañana el maestro lo primero que vio fue el bulto encobijado de leo junto a la fogata, se acercó a él y le despertó, -Hey muchacho- Leo se descubrió y cuando vio el maestro de quién se trataba sólo agregó –Ah eres tu, sigue durmiendo si quieres-  Leo se levanto dobló sus cobijas y permaneció ajeno a todo lo que en ese maldito campamento estuviese haciéndose.

En la mente de Leo existía una gran tristeza y soledad, sólo en su familia se sentía realmente gusto, pero su cuerpo requería ya de un amante que le complaciera y llenará ese gran vacío, seguido se desnudaba ante el espejo y veía que su cuerpo era atractivo y seguro ese color moreno que muchos despreciaban a alguien le parecería excitante, más su rostro siempre terminaba desagradándole y no encontraba forma de mejorar tan gran problema.

La actitud de servicio de Leo era extraordinaria, lo que hacía que fuera de los meseros que más propinas recababa, eso ayudaba a que sus ropas fueran de mejor clase y le hicieran verse mejor, para sus compañeros de trabajo resultaba divertido hacer un y mil chistes a sus costillas, los cuales él había aprendido a soportar con una sonrisa, pero por las noches sus ojos no paraban de llorar recordando todo lo que había pasado durante el día.

Un sábado en el antro donde trabajaba  era un verdadero caos, el lugar se llenaba totalmente y los meseros andaban apresurados siempre tratando de atender a sus clientes, fue precisamente en un sábado cuando Leo vio hacía la entrada y descubrió a un hombre de entre 45 y 50 años, alto elegantemente vestido y sumamente atractivo, en cuanto lo vio quedo fascinado con su personalidad debía apresurarse atenderlo de lo contrario los otros meseros se lo ganarían, fue hacía  él, pero uno de sus compañeros ya se le había acercado, la desilusión  fue extrema más su sorpresa fue mayor, cuando vio que el hombre le decía algo al mesero y le señalaba a él, indicándole con la mano que se acercara,  Leo se acercó sintiendo que el corazón se le salía del pecho, el tipo era bastante alto, la emoción de Leo fue mayúscula cuando el hombre le paso el brazo por los hombros y acercándole a él le dijo al oído; -Consígueme una mesa de pista por favor hermoso- Seguro el hombre estaba ciego, le había dicho hermoso, Leo sintió una gran excitación en todo su cuerpo y levantando su vista miró al hombre, -Si claro espérame aquí- camino rápidamente hacía el compañero que le tocaban las mesas de pista, -Por favor dame la mesa, yo te daré la mitad de mi propina que saque de ahí- el aludido volteo hacía la puerta y vio al hombre, lo menos dejaría cien pesos así que accedió, Leo feliz fue hacía la entrada dijo satisfecho –Te tengo la mejor mesa- se iba adelantar para guiar al comensal, pero este le abrazo y le dio un beso en la mejilla, -Eres grandioso- Sintió que las piernas se le doblaban y sólo levantó la vista y le sonrió, -¡Sabes que tienes una encantadora sonrisa- Dijo el hombre antes de seguirle hasta la mesa, se sentó y pido una botella, Leo se la llevó con presteza y coloco el servicio con gran esmero,  le presento la cuenta, el hombre le pagó con dos billetes de quinientos y le dijo –Quédate con el cambio y le das $50.00 pesos al que te cedió la mesa- no pudo contestar un nudo en la garganta se lo impedía, fue a la caja pagó la botella y el mesero ya estaba atrás de él, así que le dio el billete de cincuenta sin más comentarios.

Durante toda la noche Leo se esmeró en atender a Alberto el nombre del comensal que tanto le había impresionado, el trabajo no le fue para nada pesado, sólo esperaba a que Alberto terminará su copar para acercarse a servirle otra y sentir el calor de su cuerpo junto al suyo, varios fueron los besos que Alberto le dio en la mejilla, lo cual provocó que cuando los comensales empezaban a retirarse en su mente surgió una gran tristeza , pronto la mesa ocupada por esa personalidad maravillosa quedaría vacía,  sus compañeros no dejaban de burlarse de él, diciéndole que aquel hombre seguramente ya no tendría erecciones y que era un anciano, Leo sólo sonreía y todo su ser estaba en aquella mesa, ensimismado en sus pensamientos fue sacado de estos por un codazo de uno de sus compañeros; -Hey pendejo te habla tu abuelito- desvió la vista hacía le mesa de Alberto y miró su agradable sonrisa dirigiéndose hacia él,  fue y se agacho para escuchar los deseos de Alberto -¿Te puedo esperar a que salgas?-  no podía creer lo que estaba escuchando, pleno de emoción contesto –Claro me apurare-. Poco a poco el antro fue quedando vacio y sólo quedaba Alberto esperando por Leo, noto que las burlas de los meseros y el personal del bar se enfocaban en Leo, cuando este cargando su mochila listo para salir llego hasta su mesa, Alberto se levantó de su silla y volteando en voz fuerte y señalando hacía la barra donde se concentraba todo el personal sentenció: -Este niño hermoso vale 100 veces más que cualquiera de ustedes- abrazó a leo y salieron del lugar.

La camioneta del año actual de Alberto fue lo primero que deslumbró a Leo y la atención de abrirle la puerta para que entrara le hizo sentirse verdaderamente en la gloria, cuando Alberto se puso al volante voltio a verlo y comentó –Eres un niño muy tierno, además de hermoso- Era un sueño ese hombre o estaba loco o no veía bien, pensaba Leo por lo que no se pudo reprimir y antes de que arrancará la camioneta se abrazo a él y le beso con verdadera ansia, Alberto respondió al beso el cual duró algunos minutos, cuando Leo regresó a su asiento Alberto sonrió, -Hermoso mira como me dejaste- a través del pantalón se veía una gran erección, Leo la miro extasiado, ¡Es enorme! Exclamo, -¿Quieres tocarlo?- Leo no esperó a que se lo pidieran dos veces y acarició el pene a través del pantalón, Alberto arrancó la camioneta dirigiéndose a su departamento cerca de la zona rosa, Leo no pudo contener su deseo y saco el miembro de Alberto de su prisión y se agachó a chuparlo, era un gran deleite tener aquella hermosura en su boca, jamás se imagino chupar algo así, seguro que Alberto contaba con el mejor falo del mundo, cuando estaciono dentro de la cochera de los departamentos Alberto tomo la cabeza de Leo y la retiró de su pene, lo guardo y viéndole con verdadera ternura le dijo –Vamos a tener mucho tiempo para esto, vamos adentro- subieron al elevador, se besaron mientras que este subía al 7º. piso Alberto acariciaba el trasero de Leo haciendo que su cuerpo se estremeciera de placer.

El departamento era para Leo lo más hermoso que jamás había visto, sólo en revistas había podido apreciar tan excelente gusto, orden y limpieza, la luz indirecta que alumbraba las paredes y pinturas hacían al lugar sumamente acogedor, un temblor se apoderó de él, Alberto lo tomo por los hombros –Nene tranquilo, no pasará nada que tu no quieras- Leo alzó su mirada hacia él –Es que quiero que pase todo- Alberto sonrió al escucharlo volvió a besarle y comenzó a desnudarlo, el cuerpo de Leo era perfecto había que reconocerlo, su piel morena aterciopelada al tacto fue un deleite para Alberto pasar sus manos por todo aquel muchacho que por primera vez experimentaba caricias proporcionadas con tanto deseo, él se desnudo dejando a la vista de Leo sus grandes bolas y una verga grande y gruesa que ya había saboreado durante el trayecto, el cuerpo de Alberto era enorme para Leo era perfecto aunque algunas protuberancias casi imperceptibles adornaban su cintura, Leo se agacho y empezó a lamer las bolas de Alberto provocándole gran placer, -Vamos a la recámara- dijo tomando en vilo a Leo quien se abrazó a su cuello y le beso en la boca saboreando las delicias de su lengua y de su dulce saliva con sabor a alcohol, Alberto fue hasta el baño y sin dejar a Leo abrió la ducha, ambos entraron en ella y Alberto enjabono el cuerpo de Leo esmerándose en su culo, cada vez que sus dedos resbalaban dentro de su hoyo, leo se estremecía  sin poder evitarlo y sentía que todo su ser se concentraba en aquellos dedos que le hacían sentir lo que en su vida había sentido, era totalmente diferente  cuando el mismo lo hacía al masturbarse, esto era algo totalmente diferente y placentero, de pronto el pene de Leo empezó a lanzar su semen sobre Alberto, cuando se dio cuenta aquel de lo que había pasado, se sintió totalmente apenado, Alberto lo abrazo y refregó su cuerpo contra el de Leo –Nada que un poco de agua no resuelva- dijo abrazándole.

Alberto seco a Leo como si se tratara de un niño pequeño haciendo que él se sintiera la persona más importante del mundo, ya en la cama  levantó las piernas de Leo y este empezó a temblar, pensó que la verga  entraría en él, en su lugar sintió su cálida lengua que entraba en su ano y bañaba su agujero,  no pudo evitarlo y comenzó a gemir, por buen rato Alberto le dio placer con la boca aquél culo virgen que estaba deseoso de ser penetrado, Alberto se colocó el condón y puso a Leo boca abajo y su verga en la entrada de su ano, comenzó a empujar y el dolor de Leo era demasiado fuerte, sentía como aquella enormidad iba desplazando las paredes de su ano  hacía un lado, cada centímetro que Alberto entraba en él le provocaba un fuerte dolor que resistía a cambio de saber que por fin pertenecía a alguien, cuando la verga estuvo totalmente dentro de su culo, Alberto se quedo quieto y diciéndole al oído –Relájate papá, acostúmbrate a ella, cuando así sea empezará el placer- Leo dudaba que eso pasará solo sentía dentro de él aquella enormidad que casi le impedía respirar, poco a poco fue sintiendo el gran placer de tener A Alberto dentro de Él paro las nalgas como para indicar que ya estaba listo para recibir las arremetidas de aquel gran miembro que le destrozaba y le hacía llorar de placer, Alberto comenzó a moverse y Leo apretaba los puños contra las sábanas, había dolor en cada golpe de verga recibido dentro de él pero a la vez un gran placer, llego un momento en que su placer fue tan grande que no pudo evitar gritar y pedirle a Alberto que le dirá más y más duro, la salvaje limada en aquel culo virgen hizo que Leo se vaciará sobre las sábanas y Alberto al sentir los apretones que daba aquel culo también termino en él, ambos cuerpos cayeron de bruces uno sobre otro, cuando la verga de Alberto perdió erección se bajo del cuerpo de Leo y le beso dulcemente en los labios, -Te gustaría ser la pareja de un señor de 49 años- Leo le vio con ojos desmesurados, -Me estás pidiendo que sea tu pareja- Alberto rió –No veo ningún otro viejo de 49 aquí- Leo le beso, -Tú no eres ningún viejo y si alguien lo cree que le pregunten a mi culo que lo has dejado totalmente satisfecho- Alberto le beso, -Mientras eso suceda serás mi pareja- Leo reclamó –Y también cuando no suceda ya nos daremos nuestras mañas- se abrazaron los dos y así sellaron un pacto, dos seres discriminados y que ahora tendrían la facilidad para ser felices.

Lo peor que podemos hacer es discriminar a la gente por belleza o edad, esto no quiere decir que debamos hacer sexo con ellos, pero nada nos da derecho a burlarnos y tratarles mal.

NO SEAMOS TAN CABRONES Y ENGREIDOS DEJEMOS DE DISCRIMINAR A LA GENTE

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2 pensamientos en “DISCRIMINACIÓN ENTRE GAYS

  1. Joshua julio 13, 2012 en 6:56 pm Reply

    Como de costumbre grandiosos relato lleno de grandes emociones, me gusto y mas que nada por la idea la belleza importa mas no lo es todo, de que te sirve tener un modelo si no eres feliz con él, una pareja que lo valga por lo que es, no por como se ve n.n me gusto mucho =3

    • Martiin julio 20, 2012 en 7:39 am Reply

      Me encanto. Me dejo un sabor dulce y un manto de esperanza de conocer a alguien ya sin esas estúpidas ideas de edad y belleza fantasmas que a mi tanto me persiguen. Gracias

excelente

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